Una de las cosas paradójicas de este paradójico mundo es cuando te declaras republicano, siendo una de las respuestas más comunes el que te tilden de nostálgico. ¿Nostálgico? Freud definió la nostalgia como un estado mental en que se añora una situación pasada, más inventada que vivida. Nostálgicos son los franquistas, que en vez de ver en Franco a un asesino y a un corrupto que vivió de dosificarnos su paz ven a un santo incorrupto pendiente de una canonización –como la pendiente revolución joseantoniana- a la que sólo los seguidores del Palmar de Troya se han atrevido. Nostálgicos los monárquicos, que reivindican un sistema político heredado de los no menos míticos tiempos de Don Pelayo, concedido por el dedo implacable de otro ser igualmente mítico llamado Dios, o como lo definió con maestría Homer Simpson, “mi personaje de ficción favorito”.
República es futuro, no pasado. Un régimen donde los habitantes de un país son ciudadanos y no súbditos o vasallos, donde mujeres y hombres eligen en igualdad sus legítimos representantes no puede por menos que ser futuro. ¡Viva la República!
autor Azañas.
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