
Hace unos días comencé a escribir sobre lo que iban a ser las elecciones del 22-M, sobre nuestra maravillosa Ley Electoral, sobre la partitocracia y sobre el injusto reparto de responsabilidades-presupuestos de los municipios frente a las Comunidades Autónomas. Sin embargo, un fenómeno virtual que cristalizó en otro real me detuvo. Me refiero obviamente a lo que ahora se denomina como “movimiento del 15 M”. Como a la gran mayoría de españoles, este fenómeno ¿espontáneo? -la Ciencia ya demostró hace muchas décadas que nada se genera de la nada- me pilló de improviso. ¿Cuándo se había visto en este país que por fin los jóvenes, los parados y en general la sociedad civil, acusados de apáticos, se movilizaran exigiendo cambios? Sin embargo no puedo negar, aunque esto esté mal visto, que desconfíe. No porque crea que haya un “Ente oscuro” que mueva los hilos, sino porque me parece cuanto menos risible que se autonominen como revolucionarios (
Spanish Revolution) unas personas que no tienen como imagen a Malatesta, Lenin o a Zapata sino a Enjuto Mojamuto. Personas que acampados en el centro de nuestras ciudades juegan a revivir, si no un Mayo del 68 a lo castizo, sí un Woodstock hispánico sin música. Si vuelven las corbatas años 50, ¿por qué no el ser hippie? Su
buenrollismo asambleario me crispa los nervios y desde luego no porque no esté de acuerdo en sus exigencias mínimas: reforma de la Ley Electoral, persecución de la corrupción, etc., sino porque se pierden hablando de democracia y en ningún momento se plantean las bases del sistema. ¿Acaso la Monarquía, base de nuestro sistema político, es una institución democrática? Basta ya de jugar a la revolución de papel, o nos constituimos en un movimiento que abogue por unas reformas concretas y ponemos unas medidas concretas para llevarlas a cabo o esta avalancha se disolverá cual azucarillo y no quedará más que en modo de anécdotas para los nietos de los ahora campistas… ¿o alguien recuerda el movimiento
Nunca Mais o el de
Por una vivienda digna? Por eso, al igual que la mayor parte de mi quinta, que no de mi generación, no me he unido a la “revuelta” y continuo expectante. Pero esta vez, expectante se escribe con ese de esperanza, porque lo que nos jugamos es mucho.
autor Azañas.